Algún día tendré que escribir un ensayo con este título y se lo dedicaré a Simone de Beauvoir. Tratará de uno de los grandes malestares de la sociedad actual: la vida afectiva en la clandestinidad que practicamos los sujetos del siglo XXI. Habrá que explicar una de las batallas que se dieron por perdidas en los 60 y que no es otra que “la defensa a ultranza del amor libre”. Tendré que documentarme para demostrar las razones de aquel fracaso. Aunque me atrevo a aventurar que su condena fue que ponía patas arriba la institución social básica de occidente que no es otra que la familia.Ni los mismos que enarbolaron esa bandera se sintieron capaces de capear tamaña tormenta. Replegaron velas y trataron de sobrevivir. Y tras esa renuncia: tirios y troyanos (de izquierdas y de derechas) decidieron que haría la revolución en otros terrenos menos minados y, mientras tanto, contentarían los deseos de su alma transitando por los caminos afectivos de la clandestinidad. Esa “paz social” se empieza a quebrar en los ochenta por varias razones:
1) Las mujeres ya han entrado en la política de lleno y exigen que se le de al universo de los afectos la misma dignidad en el terreno de los derechos que se le otorga a otros campos. Esa reivindicación de que los afectos son modulados por lo social, su opresión es fuente de malestar y por tanto en torno a ellos hay que desarrollar una lucha en el terreno de la cosa pública, se inicia en 1985 con la Ley del divorcio y concluye en 2007 con la Ley del matrimonio homosexual. “Concluye” es una manera de hablar porque aún queda mucho por hacer…
2) La autenticidad se convierte en un valor social incuestionable. Esa idea estrambótica de “vivir de forma auténtica” la pone en escena el movimiento hippie y después el ecologismo, y tras un fuerte proceso de denegación se convierte en un valor “sine qua non” del siglo XX. Desde ella se inician toda una serie de procesos de emancipación que están en la base de lo que hoy son y de lo que quieren ser los sujetos del siglo XXI. Las grandes luchas por la libertad han provocado que los sujetos del siglo XXI podamos admitir la imperfección y el fracaso sin problemas pero no podemos tolerar la mentira.
3) Las nuevas tecnologías. Las posibilidades de mantener vidas paralelas y de alimentar varias relaciones al mismo tiempo se han multiplicado con las nuevas tecnologías de comunicación y se están armando unos líos morrocotudos. SMS, e-mails y chats son el escenario de los quebrantos que sufren las vidas afectivas de los hombres y mujeres de nuestro tiempo. Además, la mayor libertad de comunicación no sólo afecta a los instrumentos sino que también ha afectado a los temas, así que lo que antes se mantenía en secreto ahora emerge a luz pública en cuanto te descuides. Nada, excepto el incesto o el asesinato,está totalmente prohibido, así que la información sobre los líos amorosos fluye libremente y cuando te descuidas él o la víctima del engaño compone el puzzle.
El slogan feminista de “lo personal es político” está de total actualidad y sigue siendo la guía para alguna de las grandes transformaciones sociales que necesita nuestro siglo.
P.S: En junio de 2007 escribí un post sobre este mismo tema en mi blog de La Comunidad. Hoy sigo viendo a mi alrededor los mismos problemas, que lejos de ser situaciones personales son síntomas de graves patologías sociales…Así que escribo esto por si a alguien le puede ser de utilidad… Y hago mías las palabras de Peter Handke en Historia del Lápiz:
- ¿Todavía crees aquello que pensabas?
- No, no lo creo. Lo sigo pensando.

Cariño, tienes toda la razón. Es cierto que el amor libre era un misil en la linea de flotación de la familia.
La familia, ese concepto a veces tan apartado de la afectividad y siempre en el centro de la escena teatral, permanece en su primera, segunda o incluso posteriores ediciones, como una verdad tangible. Somos capaces de crear varias familias, aun a sabiendas de nuestra incapacidad para mantenerlas y a la vez vivir clandestinamente “nuestro amor verdadero”, trasvistiéndolo de familia al uso, con su correspondiente infidelidad emocional.
Es cierto que la mentira ya no la aguantamos las mujeres, ellos nunca lo hicieron, pero me temo que la “verdad verdadera” no la resistimos emocionalmente ni ellos ni nosotras.
Si un día descubro que mi compañero te llevo a Paris. Te subio en brazos a la Tour Eiffel. Caminó de tu mano hasta el Louvre para ver si la Gioconda le sonrreia a él o a ti. Te invitó a cenar en un maravilloso Bistro del Marais, donde Andre y Martin te fascinaron con su “savoir faire” y sus dos Bulldogs os despidieron a la puerta del taxi que os llevo al Hotel Costes, donde os amasteis en compañia de Taitinger 2003, hasta el amanecer. Si un día lo descubro, sufriré de igual forma que si él me lo dice, en un ataque de sinceridad. Eso, si sera una verdad incómoda
Si no tuvieses razón, mi compañero te llevaría de nuevo a Paris y te subiría a Tour Eiffel.